moravia ochoa, panama
Decirte tantas cosas
decirte tantas cosas que ahora ya no solamente son mías sino que traspasaron la barrera del sonido la plaza con su luna en menguante aquella entre la propia oscuridad ( necesidad) aquella sensación del ominoso y perpendicular espacio cayendo sobre sí mismo, casa no había. no atreverse y si, aquella duda relampagueando en el horizonte su noche más palabra sus más extraños ojos su madera más fuerte su extraño aliento de mar y caracoles , tú eras cántaro, era un caballo fuego el gozo sin aplazamientos en la paz de tus ojos había una fulgurante humanidad limpieza y en la boca lo inamovible y perdurable
2.
perdóname el desgaste, el gusto a ti que no puedo olvidar y el hoy ya mudo y sin concierto nostálgico y obsceno de tanta soledad se extraña el cielo y las palabras aquello lúdico en el fuego se extraña aquella luz y los asombros no abras la puerta porque es otro tiempo aquellos días eran de relámpago hoy llueve y miro aquel retrato viejo fantasmas de un milagro que aún habla por tu boca extraño el grueso del silencio que caía en los techos los árboles y el sello que tenían tus manos posándose en el cuerpo de la tarde por Dios, amor, hay fuga en el teléfono nos oyen te escuchan, calla, deja dormidas las palabras
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Por lobitogabriel - 4 de Octubre, 2007, 9:48, Categoría: poesia
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